Costumbres familiares

Ave , amici Plini et Iuvenalis: Os escribo de nuevo para contaros todo lo que me ha pasado desde la última vez que os hablé. Sigo sin saber muy bien dónde estoy ni por qué… 

Hace unos días, paseando para conocer algo más sobre esta tierra, Hispania, llegué a un templo que me llamó mucho la atención, porque había mucha gente con vestimentas arregladas como si estuvieran en una celebración. Me acerqué a un hombre que parecía el más feliz, le pregunté qué estaba pasando y me dijo que iban a bautizar a su hijo. Me quedé sorprendido, porque ellos llaman bautizo a lo que nosotros llamamos lustratus (purificación). Sentí curiosidad por saber si era niño o niña y me acerqué a una especie de carro y vi que era un niño, ¿qué tres nombres le darían cuando tenía nueve días? Me fijé en ese carro y vi que tenía unas medallas con caras y otros amuletos. Me imaginé que sería para evitar el mal de ojo, pero no eran huesecitos como los que nosotros ponemos a nuestros hijos en la bulla. Todo el mundo entró en el templo y se sentaron, yo me senté con todos esos desconocidos. Un sacerdote nombró al niño y a sus padres, pero me pareció extraño que la madre le diera el nombre de su familia (el apellido), porque al niño nosotros le ponemos tres nombres, pero sólo los de la familia del padre, ya que el de nuestras esposas no importa. 

Después de que el sacerdote dijera unas oraciones, los padres junto con el niño y unas personas (padrinos los llamaban) fueron hacia una fuente, donde la mujer acercó al niño para que el sacerdote le echara agua por la cabeza, mientras que decía: “yo te bendigo en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, amén”. Yo no sabía lo que estaba pasando, ¿qué quería decir el sacerdote con esa oración?, ¿por qué el padre no levantó al niño para reconocer a su hijo? ¿o es que el niño iba a ser abandonado? Aquí nada está claro, esto es muy raro. 

Todo el mundo se fue del templo y yo me quedé hablando con el sacerdote para poder entender esas diferencias. Me dijo que no podía atenderme porque se tenía que preparar para una boda o nuptiae. mosaico  Empezó a llegar gente otra vez. Un hombre vestido de negro entró y se puso en el altar, esperando a alguien. En unos segundos entró una mujer vestida de blanco, no con un velo naranja, y se fue hacia el hombre. El sacerdote dijo otra vez una serie de oraciones y ellos se intercambiaron unas monedas y unos anillos. Eso no me parecía tan raro, me recordaba a nuestras nuptiae, pero no comieron la torta ni ella llevaba el velo azafranado.  Ya tenía las cosas un poco claras, pero no del todo. Salí del templo y me dirigí a un edificio que había cerca, muy lujoso que me llamó la atención. Parece que se llama juzgado. Al entrar había una pareja discutiendo porque decían que se querían divorciar. ¿por qué acudían a ese edificio con lo fácil que es en Roma hacerlo de palabra y sin papeles? Salí del juzgado y reflexionando, me encontré con unas mujeres llorando vestidas de negro. Las seguí y me llevaron hasta un sitio llamado tanatorio.Al entrar me dirigí hacia una sala donde había unas cristaleras que dentro contenían una caja de un difunto. Estaba claro que era un entierro, porque estaban llorando y todos iban de negro. Nosotros en Roma hacemos ritos para calmar la ira del difunto, también le damos el beso para recoger su último suspiro, le abrimos los ojos tres veces para ver si está muerto y lo ponemos con los pies mirando hacia la puerta. Ellos no tienen estas costumbres, pues  no hacen sus ritos en el hogar sino en ese tanatorio. Llevaron al difunto a una especie de catacumba para enterrarlo, pero no le hicieron una procesión con plañideras y música. 

La vida en esta tierra no la acabo de comprender. Estas cosas que me pasan se asemejan a nuestras costumbres pero también se diferencian mucho. Espero que me contéis vuestras aventuras en tierras extrañas que yo seguiré descubriendo nuevas sensaciones.

 Valete

Tacitus scripsit.

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